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“Ecopetrol es nuestro papá”: paternalismo petrolero y vacío estatal en el Catatumbo

Crónica en Norte de Santander. Marzo- Abril 2016

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Foto: Acuerdo Social por el Catatumbo

El equipo de Crudo Transparente viajó a Cúcuta y Tibú, cerca a la frontera con Venezuela para analizar y narrar algunos detalles de la influencia petrolera en la región y el rol de Ecopetrol en el desarrollo de la misma. Además, nos reunimos y entrevistamos a distintos funcionarios de la estatal como el ingeniero Martín Galvis encargado de dirigir la estrategia de responsabilidad social de la petrolera en la región; Ángel Giovanni Serna León, superintendente de Oleoductos Norte y Sur (e) de Ecopetrol; representantes de la USO (Unión Sindical Obrera) como Luis Boada, vicepresidente de la Subdirectiva USO-Tibú y el presidente de Asojuntas del municipio, para recolectar testimonios de primera mano.

Norte de Santander ha sido el epicentro de una tensión constante entre la prosperidad de su tierra y una conflictividad social profunda. Desde inicio del siglo XX, la región del Catatumbo, ubicada al nororiente del departamento, ha tenido una importancia significativa, por albergar en su subsuelo recursos naturales tan importantes, como el carbón e hidrocarburos. Para ese entonces, era una vía explotar estos yacimientos para generar ganancias al país y prosperidad para la zona. Sin embargo, el Estado no contaba con la infraestructura y el personal suficiente para llevar a cabo esta empresa; razón por la cual, decidió concesionar cerca de 200 mil hectáreas a privados para que realizaran las labores de explotación de crudo, a cambio del 15% de las utilidades para la nación. Así nació lo que se conoce como la Concesión Barco.1

Fueron varias las empresas extranjeras que hicieron parte de la Concesión, desde la Colombian Petroleum Company (COLPET), hasta la Texaco, pasando por la South American Gulf Oil Company (SAGOC) y Socony Mobil Oil. Todas ellas bajo diferentes intereses y en distintas etapas del proyecto. Durante los años de 1905 hasta 1975, la operación de los campos del departamento, el más importante “Campo Tibú”, estuvieron en manos de consorcios internacionales, que poco desarrollo generaron en la región.2

Es hasta el año 1975, y después de innumerables incumplimientos por parte de las compañías y de cientos de denuncias por malos tratos y condiciones precarias de trabajo y alojamiento, realizadas por los trabajadores y sindicatos de los campos, que el gobierno nacional decide dar por concluida la Concesión Barco y dejar la explotación de crudo del Departamento en manos de la empresa estatal, Ecopetrol.3

COMUNIDAD

Foto: Motilone Bari Indians 

Sumado a lo anterior, la zona del Catatumbo fue históricamente habitada por grupos indígenas de diferentes etnias, entre los cuales se encontraban los Barí. Este pueblo aborigen, fue sometido a varios procesos de aculturamiento a lo largo de la colonización de los europeos en territorio americano; lo cual los llevó a perder parte de sus tradiciones y territorio. La explotación de petróleo en el área, a partir de 1930, terminó por aniquilar a los indígenas del Catatumbo; pues se les consideraba salvajes y su defensa del territorio, por medios violentos, un impedimento para la extracción del crudo. Las petroleras obtuvieron apoyo de las fuerzas del Estado y junto a cuerpos privados de seguridad, terminaron por desplazar y aniquilar a los Barí.4

Tiempo después, Ecopetrol operó en el departamento por más de 40 años explorando y explotando crudo y su presencia en la región es una mezcla de percepciones; entre los que defienden su labor económica y social  como parte central en la prosperidad de la región, además de quienes esperan que la empresa, por falta de la institucionalidad gubernamental, se convierta en una especie de “Estado paternalista” que pueda suplir las necesidades de las comunidades alejadas de la mirada oficial y necesaria del Estado y un autosentimiento empresarial de rechazo por parte de la comunidad.

La Defensoría del Pueblo seccional Norte de Santander, afirma que la explotación y transporte de crudo vulnera los derechos humanos de las comunidades de las áreas de influencia por los ataques constantes a las instalaciones de la industria, perpetrados por diversos actores armados no estatales. En palabras del defensor y analistas de alertas tempranas, la población civil queda en medio de estos hechos; obligándolos, muchas veces, a desplazarse, afectando sus modos de vida y sustento al contaminarse las fuentes hídricas y tierras con los hidrocarburos.  

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Foto: Ecopetrol Campo Tibú

Campo Tibú, uno de los principales centros petroleros de la región, está a un par de kilómetros del casco urbano del municipio que lleva su mismo nombre. La población vive alrededor del crudo; no sólo vive “son” parte del petróleo, como lo narraría cualquier leyenda indígena: las empresas extranjeras, durante su operación, tumbaron un par de montañas de la sierra de la cordillera oriental, para crear barrios enteros dedicados a los trabajadores petroleros con sus respectivas familias, quienes desarrollaron proyectos de exploración y explotación del crudo. Así el 8 de marzo de 1945, oficialmente por un mandato del Gobierno de Cúcuta al ver el crecimiento del asentamiento y su relevancia, oficializó el municipio. Tibú también está hecho del fósil. Según cuenta un líder del barrio El Carmen, quien ha vivido su vida entera en el pueblo y prefirió el anonimato, antes de que empezaran a pavimentar las calles, los suelos sólo  “eran tratados con puro petróleo”.

Parecen ser descendientes del fósil. Familias, negocios, conversaciones, emprendimientos, quejas, almuerzos y cervezas; el poder y el dinero se entrelaza por  el “oro negro”.

Tibú importa porque tiene petróleo como casi ningún otro municipio en la zona, al producir 3´986.817 desde el 2012 al 2015 barriles de petróleo. Importa porque además está en el límite donde comienza Venezuela, al quedar a 4 horas de Cúcuta, bordeando la frontera o de Ocaña (Norte de Santander), la segunda ciudad con mayor población en el departamento con unos 98.000 habitantes y una distancia real de 82, 23 kilómetros, que por falta de carreteras pavimentadas y de una conexión directa que unan ambos municipios, la distancia se convierte en 144 kilómetros, convirtiéndose, ineficientemente, en 7 horas de trayecto. Importa porque es diverso socialmente, sus habitantes suman alrededor de los 35.000 y se encuentran como una olla hirviendo; conviven como si estuvieran a punto de estallar pero se necesitan para definir su propósito. Entre ellos actores armados no estatales como el ELN (Ejército de Liberación Nacional), empresas del sector como Ecopetrol; sindicatos como la USO (Unión Sindical Obrera), líderes sociales y comunales, además de la fuerza pública.

Llegar a Tibú es complejo. Más a puertas de un paro nacional, “el gran paro de marzo” y parecía que cuando se preguntaba si era recomendable viajar al municipio en dichas fechas, preferían guardar un silencio extraño. Un silencio incómodo como cuando se habla de otros temas tabú en público, como el sexo o la guerra. Finalmente el secretario de Minas de la Gobernación, nos dice que seguramente no va a haber problema “si no viajan el día del paro”, advierte. Por otro lado, una funcionaria de Ecopetrol nos dice que le habían pospuesto el viaje al municipio por “temas de seguridad”. Qué hacer.

Horas después decidimos ir. Rumbo a Tibú vemos cómo se despliega un paisaje digno de una sierra, una cadena montañosa que en este caso alcanza cerca de los 100 metros de altura sobre el nivel del mar y que hace parte de la cordillera oriental. Con una grama verde y cultivos de palma de cera alrededor. Casetas roídas con pimpinas de gasolina muchas veces a la deriva: atendidas y desatendidas, las mismas que distribuían gasolina de Venezuela antes del cierre de la frontera de finales del año pasado (y que aún se encuentra vigente) y la cual ahora es robada de la producción interna, a través del oleoducto Caño Limón - Coveñas; infraestructura que pasa por el departamento con el mayor parte del trazado “42% de los 770 kilómetros están en Norte de Santander.  Por 11 municipios: Toledo, Chinacota, Bochalema, San Cayetano, Cúcuta, Sardinata, Tibú, El Tarra, Convención, Teorama y El Carmen ”, nos explica el ingeniero de Ecopetrol, Martín Parra. Leer: investigación contrabando Crudo Transparente.

Campo2

Municipio de Campo 2, por la carretera que comunica a Tibú. 

Un pesado sueño en la vía para llegar a Tibú. Como quien está entre vivo y muerto en la parte trasera de un carro y la falta de movimiento hace que algunos de los viajeros se despierten. “Hay artefactos explosivos”, gritan desde fuera por la carretera. Tan sólo después de pasar Petrólea y antes de llegar a Campo 2, se presume que el ELN ha instalado en un puente una carga explosiva. La incertidumbre se apodera de quienes están en la vía, muchos se bajan a la espera de que llegue información además del comando especial del Ejército para revisar y limpiar el área. Parece que los temores sobre Tibú son verdaderos y la legitimidad del silencio se hace cierta. Confirman los explosivos en el puente.

Carretera

Vía Cúcuta -Tibú (Norte de Santander).

 

Suenan los artefactos dinamitados por el ejército y la onda sonora es un indicio de que podemos seguir adelante con el viaje. Tras una espera de un par de horas, la Fuerza Pública, nos da vía libre para llegar a Tibú.

Es evidente. La violencia y el conflicto armado, han sido una constante en la vida de los habitantes de la región del Catatumbo. La  apropiación de las riquezas de sus tierras (recursos naturales y tierras fértiles) y su importancia geográfica (por estar ubicado en la frontera con Venezuela y lo inhóspito de su territorio), generaron dinámicas de conflictos típicas en la zona. En esta área, han convivido y conviven actores armados no estatales de diferente espectro ideológico: Ejército de Liberación Nacional (ELN), Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC - EP), Ejército Popular de Liberación (EPL) y paramilitares. También se encuentran bandas criminales y grupos organizados al servicio del narcotráfico. Extorsión, secuestros, atentados, homicidios, cultivos ilícitos, venta y transporte de estupefacientes, desplazamiento forzado, apropiación de tierras, reclutamiento forzado, entre otros muchos males, son la constante en esta zona.

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Foto: Catatumbo Resiste

Al llegar esperamos vernos con representantes de varios sectores para entender cuál es la influencia petrolera en el municipio, la importancia de Ecopetrol y la perspectiva de la población frente a la industria.

Uno de los líderes comunales, quien ha vivido la mayoría de su vida en el municipio y que para efectos de este documento llamaremos ficticiamente Javier González, evidencia como el municipio petrolero tiene una relación de total dependencia con la estatal. “Ecopetrol, ha sido un aliado estratégico. Ecopetrol es nuestro papá. ¡Pero! Cuando tenemos un papá el cual da, pero no se administra, las cosas se esfuman. En este caso lo digo por tanta regalía que ha recibido el municipio y lo vemos en un total abandono”, afirma.

Además la coyuntura con los deprimidos precios del barril, no se la pone del todo fácil a la población, González explica cómo por “consecuencia del bajonazo del crudo la estatal petrolera acabó con muchos contratos, muchas empresas se fueron. Los negocios quedaron solos, desérticos. Tenemos un costo de vida que no ha sido vigilado, es muy elevado y no da para tanto”. Según estima este líder comunal son unos 4.000 empleos los que se han perdido en la zona, sobre todo de los no nativos que bajo las presiones económicas, decidieron retirarse del municipio.

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Casco Urbano de Tibú.

Pero además de la dependencia las necesidades del municipio resaltan a la vista. Por nombrar algunas de sus principales carencias se encuentran la no pavimentación de su vía de acceso principal con Cúcuta; como temas de seguridad, Fredy Suescún, presidente de Asojuntas en Tibú explica: “Han habido muchos atracos, muchos robos, muchos suicidios y yo digo personalmente que es por falta de seguridad porque no la tenemos”. Además, “hemos pedido al consejo municipal que haya más seguridad en el municipio, porque no hay la cantidad de hombres para lo grande que es el municipio en sí, más pie de fuerza, la cantidad de hombres que tiene la policía acá no alcanza para abastecer todo el municipio el casco urbano”.

Y es que la violencia en el Catatumbo es Macabra, con mayúscula. Las violaciones masivas a las mujeres, las arremetidas contra los raspachines y la limpieza social son sólo algunos ejemplos de ello. El artículo Crímenes Silenciados de Semana narra algunos de estos ejemplos que ponen a la región en evidencia. “Casi no podía hablar de la borrachera que tenía. Se metió a mi casa a las malas y me puso una pistola en la cabeza. Dijo que si no me acostaba con él, me mataba…”, cuenta una víctima.

El Estado falla y Ecopetrol como institución de la zona aparece y más allá de “sacar” barriles ha mostrado algún interés en mejorar la calidad de vida de la comunidad. Como sea, hasta el 2015 dentro del presupuesto de la empresa se encontraba el rubro “Inversión Social Voluntaria”, la cual articulaba los intereses de la Estatal y lo convertían en desarrollo local, resolviendo problemáticas profundas como el robo del agua industrial, para consumo humano, la falta de electricidad, gas, dependencia salarial en la industria, entre otras carencias. Por tanto, la empresa fijó una estrategia que ayudará a llenar el vacío estatal que irónicamente ha agobiado el municipio por décadas y que brilla por su ausencia, adicional al aporte de las regalías que corresponde al 20%, por cada barril.

 Así, al hablar con el ingeniero Martín Alonso Galvis Jefe de la Vicepresidencia Social de Ecopetrol antes de iniciar el viaje a Tibú, explica como la responsabilidad social corporativa va de la mano con los planes municipales para enfrentar los desafíos de primera mano entre empresa y comunidad. Por decirlo en otras palabras; que se produzca un gana - gana entre las necesidades sociales y la visión estratégica de la empresa. “La gente se nos pegó a nosotros: al cable de energía, al transformador de Ecopetrol de los pozos, a la línea de gas, a las líneas de agua de los pozos inyectores. Nosotros montamos una estrategia para servicios públicos para poder quitarlos y que estén en la legalidad y no en la ilegalidad, es una inversión estratégica para nosotros y también va a ayudar a la comunidad”, explica el ingeniero.

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Foto: Kits gas Ecopetrol

Según Gálvis se han invertido en los últimos 7 u 8 años alrededor de 120.000 millones de pesos para la comunidad, además de facilitar a “jalonar”, recursos del Gobierno. Con los cuales por ejemplo, Tibú se ha beneficiado al contar con red de gas domiciliaria a unas 5.000 personas. “Es llegarle a la cocina, que la señora en vez de gastar troncos de leña, prenda a gas”, explica el funcionario.

Además también han trabajado para activar la red eléctrica del Catatumbo con una inversión de 50.000 millones COP en colaboración con MinMinas. “Se han beneficiado en esta tercera etapa alrededor de 6.000 familias y están ya empezando a montar la cuarta etapa. En este proyecto de electrificación llegamos hasta el 95% de cobertura, de energía en el Catatumbo”.

Además de infraestructura y red eléctrica también han trabajado temas de corte a la dependencia económica del petróleo.

“Hemos llegado a certificar fincas en fair trade (comercio justo) que son procesos que de alguna manera le dicen a usted que este cacao con certificado yo no cuesta 4.000 mil pesos sino 8.000 mil el kilo. Algunos comercializan con Centro América, ese es el valor agregado que nosotros estamos haciendo en Tibú y en Sardinata y que la gente se meta en el paseo. Sepa que el cacao no es un tema de sembrar por sembrar sino que da muy buenas utilidades y con las certificaciones puedan llegar muy lejos”.

Además, Agenda Regional Catatumbo es un documento que pretende fortalecer la participación democrática proveniente de 15 municipios de Norte de Santander y César, plasmando las necesidades reales y la visión de futuro de las poblaciones para que las mismas sean escuchadas y solventadas por el Gobierno. Para redactar el documento se tuvo en cuenta a más de 1300 líderes comunitarios, para resolver la pregunta: ¿Usted cómo quiere ver el Catatumbo para el 2032? El logro de dicho ejercicio fue compartir su visión dentro de la política regional propia del Departamento Nacional Planeación (DNP) para que tuviera en cuenta el proyecto y las voces de miles de líderes de una de las regiones más apartadas del país.

Lamentablemente la inversión social voluntaria en Ecopetrol fue derogada y para 2016 ya no hay presupuesto, tan sólo se están terminando los proyectos de años pasados. La petrolera lucha por subsistir en medio de vaivenes económicos que golpean a todas las empresas que dependen del crudo como su principal misión.

Pero, ¿qué pasaría si Ecopetrol se va de la región, no sólo su inversión voluntaria sino que en dado caso Campo Tibú no fuera viable ni siquiera como modelo de negocio? Javier González, uno de los líderes barriales, afirma: “hay un dicho que dice que nadie es indispensable en un lado, pero en este caso estamos hablando de la estatal petrolera. Si se va, toca como los circos, recojamos y vámonos. Si en 60 años no hubo un desarrollo como tal. Qué esperamos cuando se vayan”. Cuando le contamos a los miembros de Ecopetrol de lo que pensaban algunos de los habitantes, líderes, en la zona se sorprendieron. Tenían una percepción sobre sí mismos de que las comunidades los rechazaban y que lo que han hecho nunca lo han visto como suficiente, hay que recordar que Ecopetrol no es el encargado “por naturaleza” del Estado para que supla las necesidad inminentes de las comunidades.

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Foto: USO Campo Tibú

Para los representantes de la Unión Sindical Obrera (USO), principal sindicato de la industria petrolera, afirman que existe el rumor de que Ecopetrol puede irse de la zona, lo que les genera temor y decenas de preguntas. Al respecto, Luis Boada, vicepresidente de la USO subdirectiva Tibú, afirma que de presentarse este hecho “se generaría un desplazamiento de tipo laboral, porque Ecopetrol va a mandar a sus trabajadores a otros campos para poder cumplir con sus obligaciones. Este desplazamiento va a impactar en el ambiente familiar de cada uno de los trabajadores”, también argumenta que si esto llegara a suceder, el sindicato teme que así empiece un proceso de venta de la empresa y que por tal razón, es imperioso que todos los colombianos adelanten acciones para evitar esto.

La USO quiere que Ecopetrol continue en la zona por ser la estatal petrolera y porque es la única empresa del sector que proporciona a sus empleados el servicio de salud y educación, “que es lo mínimo que un colombiano trabajador debe tener”. Sin embargo, argumentan que es necesario que la empresa deje de permitir la tercerización laboral a través de la firma de contratos con otras empresas que prestan los servicios que Ecopetrol podría contratar de manera directa. Acabar con la tercerización, permitiría que los trabajadores contarán con garantías dignas y haría que Ecopetrol se ahorrará plata, tan necesaria en estas épocas de crisis, argumentan los integrantes de la mesa directiva de la subdirectiva Tibú.

Por otro lado, nos surge una pregunta después de conversar con el Secretario de Minas del Departamento, Fabio Enrique Araque Sánchez, quien argumentó que “somos un departamento pobre” Pero, ¿Realmente es un departamento pobre? Cruzamos barriles, regalías. Testimonio, y autopercepción. Pero ¿por qué dirían esto? Si según el Mapa de Regalías, instrumento del Sistema General de Regalías para el monitoreo de los capitales provenientes de la explotación de recursos naturales no renovables, informa que para los periodos 2012, 2013-2014 y 2015-2016, Norte de Santander tuvo un presupuesto total de $27.141’194.027 millones de pesos; pero se le aprobó la ejecución de  $18.925’209.298 millones de pesos de regalías para diversos tipos de proyectos. A esta suma es importante agregarle lo que recauda el departamento por impuestos y demás rubros.   

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Foto: Cucúta, Norte de Santander

Viajar a Norte de Santander, y especialmente a Tibú, fue una mezcla de sensaciones y emociones. Salir desde Bogotá, nos generó una carga distinta, pues es verdad que todo desde el interior y la capital se lee y percibe diferente. Al llegar al aeropuerto de Cúcuta, nos percatamos que estábamos en tierras distintas, sus paisajes boscosos y áridos por instantes, nos recordaron que nos encontrábamos en la región del Catatumbo.

Estar en el terreno, ayuda a comprender las complejidades que ha producido la explotación de petróleo en el Departamento. Todo en él, gira en torno a este preciado líquido: desde el cierre de frontera -ya casi no se habla, ni en los medios ni en el interior de la sociedad, de la crisis humanitaria; sino, del contrabando de gasolina que ya no llega de la vecina Venezuela- , pasando por la crisis petrolera que tiene a buena parte de la población sin empleo y a la espera de soluciones; hasta el rumor de la posible ida de Ecopetrol de la zona.  

Y es que sin lugar a dudas, en Norte de Santander ya no se vislumbra el futuro sin el petróleo. Pareciera que en el imaginario colectivo de los nortesantandereanos se tuviera la ilusión de que este recurso no se agota. El hidrocarburo es la tabla de salvación en todo sentido: la mayoría de los jóvenes buscan emplearse en la industria, los comerciantes intentan adecuar su negocios para servirle al sector, las autoridades locales estructuran sus planes de desarrollo y sus presupuestos basados en las regalías que reciben por la explotación, las comunidades se organizan en torno a las posibilidades que pueden llegar para usufructuarse de los proyectos de la petrolera estatal. Ecopetrol siente que sobre sus hombros recae una responsabilidad que no le corresponde pero que ha asumido para el bien de la empresa y del departamento.

Mientras tanto, el Estado continúa sin poner sus ojos en esta área de la geografía nacional que tanto necesita de él. Es imperioso que desde los centros de poder local, regional y nacional, se estructuren políticas públicas, planes y programas que ayuden a los habitantes de la región, a imaginarse otro departamento, aquel donde el petróleo no continúe siendo el epicentro de todas las luchas, sino de un desarrollo equilibrado.

 

Por: Yessica Prieto @PrietoRamosY y Andrés Vargas @avferro

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 1Escobar, María Isabel, (2016), “Petróleo y comunidad un conflicto por resolver”, Bogotá, Colombia.

2Cantor Vega, Renán; Núñez espinel, Luz Ángela & Pereira Fernández, Alexander, (2009), “Petróleo y protesta obrera La USO y los trabajadores petroleros en Colombia En tiempos de ecopetrol ”, Bogotá, Colombia.

 3 ibíd

4Vega Cantor, Renán; Núñez Espinel, Luz Ángela & Pereira Fernández, Alexander, (2009), “Petróleo y protesta obrera La USO y los trabajadores petroleros en Colombia en Tiempos de la Tropical”, Bogotá, Colombia

 

 

 

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Comentarios (1)

  • Invitado (Alberto)

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    Tibú se quedará sin la gallina de los huevos de oro que ha sido Ecopetrol y Colombia, en 5 años, sin petróleo. Para muchos será una catástrofe. En la coyuntura actual, con bajos precios del crudo, de qué le ha servido a Venezuela nadar en petróleo. Desde ya debemos diseñar el modelo de país que queremos dejar a las futuras generaciones; sin petróleo no significa la ruina, sólo será una calamidad para los políticos que se quedarán sin mermelada para repartir. Miremos modelos de desarrollo de países sin el oro negro como Suiza, Países Bajos, Israel, Japón, Corea del Sur, y sigue la lista.

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